Las Palmas

Las Palmas siempre fue una ciudad mítica en mi imaginario, desde niño, no sé por qué… A esa edad, a la de niño, nunca hubiera imaginado que llegara a ser director de cine; ya de mayor, cuando empecé a soñar que ello fuera posible, nada hacía suponer que mi primera película la fuera rodar en Las Palmas, en la isla de Gran Canaria.

Sí he de confesar que de forma recurrente aparecían en mis sueños imágenes de un rodaje, que mi inconsciente calificaba de ópera prima, ¡un sueño! Había mar y arena, tierra amarilla, dunas… yo caminaba con dificultad por parajes desconocidos, junto a otros rostros, también desconocidos, bregábamos con entusiasmo en pos de un objetivo, con la fuerza de la juventud, con toda la ilusión del mundo. No habían voces, no habían ruidos, sólo el susurro del viento y de cuando en cuando el lejano rumor de una ola.

Cuando por primera vez pisé la isla de Gran Canaria fue el diez de abril de 1994, el día en que yo cumplía 36 años. Las sensaciones fueron mágicas desde el principio y no tenía nada que ver en ello mi onomástica, era otra cosa, algo misterioso; en aquel momento no acertaba a comprender de qué se trataba; ahora tampoco podría explicarlo de una forma racional. En aquellos días mi alma se inundó de extrañas, bellas y desconocidas sensaciones, me sentía imbuido de una fuerza poderosa. Había llegado a la isla perdido, desorientado, buscando inconscientemente algo, no sabía qué, ¿encontrarme a mi mismo? ¡quizá mi destino!

Aquella extraña energía que empezaba a sentir en Las Palmas me devolvió la alegría de vivir, colmó mi deseo de amar y provocó el irrefrenable impulso de hacer allí una película. No tenía guión, no tenía actores, no tenía casi dinero, no tenía nada, sólo una firme resolución: ahora o nunca, era como una iluminación.

Sólo tres meses después empezaba el rodaje de “Los hijos del viento”. Han pasado siete años, pero pese al tópico, parece que fue ayer, que todo ocurrió ayer; estoy convencido de que moriré con esa extraña sensación. Mi primera película la hice en Las Palmas, afortunadamente contra viento y marea, como se lucha en el amor, quizá por eso sea inolvidable la isla, sus gentes, aquéllos meses que la vida me regaló junto a vosotros, aquéllas personas que formaban el equipo (Lourdes, Maca, Fulgen, Mila, Mariola, Alejandro…) que me amaban y odiaban sin saber por qué, como yo a ellos… Ojalá la vida me regale rodar de nuevo aquí, los latidos entrañables de sus gentes, su calma, su alegría, su dolor, su acento, ¡ese maravilloso culto a los sentidos, a la vida!

Se me agolpa la mente de imágenes, de recuerdos… El Confital, una noche, baja la marea, canciones de amor, una tras otra, sin pausa, Magaly cantando, Lourdes también, Melo (el del Confital) llorando su nostalgia, todos fumando y bebiendo, Alejandro, Pilar, yo, ¡hasta la luna!

Éramos millonarios de ilusiones…

Fernando Merinero

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una película de Fernando Merinero

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